¿Quién es el culpable de nuestro sobrepeso? (IV Parte)

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En esta última publicación sobre “¿Quién es el culpable de nuestro sobrepeso?”, seguimos comentando, al igual que en el anterior post, cómo las industrias de alimentos basadas en azúcares, harinas refinadas o grasas trans, pagan cantidades desorbitadas por el silencio de las entidades públicas.

La resistencia de las grandes multinacionales es de una dimensión extraordinaria. Cuando una empresa de tales características tiene tanto poder sobre el mercado, al final se transforma en poder político. De hecho, no hay muchos gobiernos que den más importancia a la salud de sus ciudadanos que a los intereses de este tipo de empresas de ámbito mundial. Ya lo estuvimos comentando con el caso de las tabacaleras y es que, cuando una empresa de este tipo se empeña, son capaces de hacernos comprar lo que sea.

Si nos paramos a pensar… ¿Qué país ha sido capaz de luchar y erradicar el problema de la obesidad en todos los rangos de edad? Ni uno. Y esto no es porque nosotros mismos no queramos. Es debido a una falta de interés grandísima por parte de los Gobiernos de meterse en estos asuntos.

Hay dos temas de la actualidad que nos preocupan muchísimo:

1. Que se negocie entre las empresas de este sector y los entes públicos “pactos comerciales” a raíz de las demandas interpuestas al Gobierno por parte de las multinacionales. Hoy en día, los pocos gobiernos que se han volcado con este tema y han instaurado normas para velar por la salud de su población están recibiendo multitud de denuncias de las compañías del sector. Estamos hablando de algo muy comprometido.

2. La intención de las multinacionales de modificar las directrices referentes a “Salud Pública”, sobre todo, las que puedan perjudicar sus artículos. En el momento en que una de estas empresas esté involucrada en la creación de este tipo de normas, pueden estar totalmente seguros de que las decisiones que pudieran ser más efectivas se verán muy reducidas o serán prácticamente descartadas. Esto que comentamos está totalmente respaldado por documentos.

En base a todo esto, aconsejamos disminuir la ingesta de alimentos con altos niveles de harinas refinadas, grasas trans o azúcares. Las compañías que venden este tipo de productos actúan para que los consumidores no averigüen la verdad. Tienen miedo a ser descubiertas y ver que sus ventas caen en picado.

La harina blanca o el azúcar provocan adicción, tienen buen sabor y un precio muy asequible para todos, por lo que la industria no está aún lista para apartarlos de sus cadenas de producción a pesar de que tenga sus expectativas focalizadas en los polémicos edulcorantes. No obstante, es posible que estén a la cabeza del ranking de los productos más nocivos que tenemos ahora mismo en nuestra dieta. Casi con toda seguridad diríamos que esa barriguilla que nos sale (y que a nadie le gusta) es responsabilidad suya y no ha sido causada por no hacer deporte ni por comer demasiado. Obviamente, hacer ejercicio es muy recomendable para la salud, y no debemos caer en la tentación de las “dietas milagro” pero es el momento de destapar lo que está ocurriendo en la sociedad y a los responsables de la obesidad: ¿La población? ¡NO! Las falsedades que nos hacen creer.

Via Blog El Confidencial

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